Hierro
III-II aC
Mas Castellar (Pontós - Alt Empordà)
Si fuéramos campesinos o payeses y tuviéramos en nuestras manos los aperos agrícolas de hierro que se han conservado de la época ibérica o romana, probablemente podríamos nombrarlos y utilizarlos a casi todos sin ningún problema, ya que en su mayor parte han llegado hasta nuestros días sin cambios estructurales significativos.
Cuando, con el paso del tiempo, una herramienta alcanza la forma y las características que le permiten realizar la actividad para la que fue diseñada, solo cambiará en cuestiones de detalle o en perfeccionamientos para hacerla aún más eficiente. Por consiguiente, la estructura básica tiende a mantenerse.
Consideremos, por ejemplo, este podón, encontrado junto con otras herramientas en un silo de Mas Castellar, Pontós (Alt Empordà), y datado en la transición de los siglos III y II a. C. Mide unos 25 cm de largo y tiene un mango tubular. El mango, de madera y más o menos largo según su función, se insertaba por la espiga doblada que formaba un tubo y se fijaba mediante una barra transversal, que se ha conservado. La punta termina en forma de pequeño cubo, el elemento percusor. Salvo en el detalle de la punta, que no se encuentra ni mucho menos en todos los podones antiguos, no hay diferencia con las que podemos encontrar hoy en día en una ferretería (con enastamiento tubular como este o con enastamiento en forma de espiga, que se inserta en el mango de madera).
El término genérico latino falx (pl. falces) designa este tipo de herramienta cortante curvada para trabajar en el campo o en el bosque, desde la hoz de los segadores hasta los podones como este y los hocinos de los vendimiadores.
El tratado De agri cultura de Marco Porcio Catón, contemporáneo de nuestro podón, menciona falces faenarias, stramentarias, arborarias, uinaticas… Y el repertorio era aún más amplio, lo que indica la variedad de estos implementos a disposición de los campesinos y payeses romanos.