Hierro
III-II aC
Mas Castellar (Pontós - Alt Empordà)
Al menos desde la Primera Edad del Hierro, cuando un guerrero moría, sus armas se amortizaban calentándolas y doblándolas o desmembrándolas, y se depositaban junto a él en la tumba. Los íberos seguían la misma tradición. Sin embargo, en el mundo íbero, al igual que en la Galia, existían armas que se exhibían en otros espacios: calles y zonas residenciales y, en el caso galo, santuarios o empalizadas.
La espada con su vaina que aquí presentamos (solo se conserva la cara dorsal) es del tipo La Tène, como era habitual entre los íberos de nuestra región, y está doblada por la mitad, con la espiga también doblada y un agujero cuidadosamente realizado que atraviesa tanto la hoja como la vaina, lo que permite exhibirla incrustada en una pared, en un poste…
Apareció en una calle del asentamiento de Mas Castellar (Pontós, Alt Empordà) y se sitúa entre los siglos III y II a. C. Se encontró frente a una casa a la que se le han atribuido funciones culturales. Precisamente en otra estancia de dicha casa se encontró otra espada, asociada a una mandíbula humana.
En el mundo indigete, las espadas perforadas suelen asociarse a cráneos o partes de cráneos enclavados, posiblemente una exhibición de trofeos de guerra: el cráneo y las armas del enemigo derrotado. Las armas y los cráneos también se hallan en el sur de la Galia y en el mundo celta, más al norte. Las fuentes clásicas hablan de la exhibición de cabezas cortadas.
Pero la cuestión es más compleja: algunos de los cráneos pertenecen a niños o adolescentes, mujeres u hombres de edad avanzada o con patologías, que no serían precisamente guerreros. Puesto que no solo se trata de la exhibición de trofeos ganados al enemigo, es necesario plantear otras casuísticas. El debate está servido.