Bronce
I-II dC
Empúries (L’Escala – Alt Empordà)
Ocho días después de nacer, los niños romanos nacidos libres recibían de su padre, además de su nombre, una bulla, un colgante formado por dos placas metálicas cóncavas unidas por los bordes, que se solía llevar colgado del cuello. Dependiendo del estatus social o del nivel económico de la familia, podían ser de oro, plata, bronce, incluso cuero, o simplemente un nudo en un cordón. Insignias distintivas de la infancia y, al mismo tiempo, amuletos protectores, las bullae acompañaban al niño hasta que alcanzaba la edad adulta. Una prenda también propia de los niños libres era la toga praetexta: blanca, con un ribete púrpura, como la toga de los magistrados.
El paso de la infancia a la edad adulta y, por consiguiente, a la vida pública, para los niños libres tenía lugar alrededor de los 16 años y se simbolizaba con un ritual que, entre otros ritos, consistía en quitarse la bulla y ofrecerla en el larario familiar, junto con sus juguetes. La praetexta se sustituía por la toga viril, totalmente blanca, también llamada libera o pura. Este ritual tenía lugar el 16 de marzo, día de las Liberalia, fiesta dedicada a Baco.
El niño dejaba atrás la infancia para convertirse en adulto, ciudadano romano, ya capacitado para dedicarse a las actividades cívicas y militares propias de un ciudadano.
Las bullae que aquí presentamos proceden de Empúries; están fabricadas en bronce y, a falta de contexto, pueden datarse entre los siglos I y II d. C. Obtenidas del expolio de una de las necrópolis romanas de la ciudad, nos indican que los niños a quienes pertenecieron no llegaron a la edad adulta. Tras su muerte, fueron incinerados y sus respectivas bullae los acompañaron a la tumba. Estos dos niños de Empúries nunca llegaron a hacerse mayores…